Aire: El Oxígeno del Fuego

Londres, Devweek. Cuatro días, tres charlas. La que tenía guardada para el último día era la que más me importaba: El Juego del BI. Una charla sobre cómo los mecanismos que vuelven adictivos a los videojuegos (puntos, niveles, retos, la curva de enganche) podían transformar la adopción de herramientas de datos en una organización.

La tenía estudiada. La amaba.

Y no la llegué a dar.

Conocía la audiencia. Sabía que Devweek era City, no comunidad gamer. Pero el deck me gustaba y me empujé a creer que iba a funcionar. Fue el almuerzo del tercer día lo que cerró la decisión: no porque descubrí algo, sino porque dejé de evitar lo que ya sabía.

Mesa larga, 15 o 20 personas. Hice la prueba que aprendí a hacer cuando dudo de una sesión: explorar el terreno antes de subir al podio.

Pregunté quién jugaba videojuegos. Nadie.

Pregunté quién medía adopción de herramientas BI en su empresa. Solo dos personas, y con métricas básicas.

El deck de Game of BI no tenía suelo fértil. Lo único que me quedaba era cambiar de charla.

El Juego del BI no se dio ese día. En su lugar presenté Índices Columnares en SQL Server. Fue rescate en vivo, no diseño previo. La diferencia importa, y es de lo que trata este post.

Las dos empatías del slide

La empatía del speaker hacia la audiencia opera en dos planos (para los más académicos: la psicología lo distingue así desde Hogan en los 60, refinado por Eisenberg y Strayer en los 80): empatía cognitiva y empatía emocional.

La cognitiva entiende qué piensa la sala: qué problema reconoce, qué marco de referencia trae, qué puede recibir. Es la empatía del modelo mental.

La emocional entiende qué le pesa a la sala: qué la mueve, qué reconoce como propio, dónde se siente vista. Es la empatía del cuerpo, no del intelecto.

Las dos se diseñan PREVIAMENTE en los slides, no se improvisan en vivo. Si los slides cargan ambas, caminás al podio sin la presión de actuar empatía. Ya la traen. Si cargan solo la cognitiva, te queda «OK satisfechos». Si no cargan ninguna, reculás como reculé yo en Londres.

Acá entra la metáfora del fuego, y ahora cuadra entera. El fuego del speaker es la brasa interna. La empatía cognitiva del speaker (entender qué puede recibir la sala, qué vocabulario maneja, qué problema vive) es el oxígeno que mantiene la brasa encendida en el podio. La empatía emocional del speaker es el soplo. Saber qué les pesa, qué referentes los encienden: eso hace que el fuego brinque del podio a la audiencia. Repartir el fuego: eso es el incendio.

Marco Tulio Cicerón lo articuló hace dos mil años. En De Oratore (Libro II, sección 186), el orador Marco Antonio describe su propio método antes de hablar en juicio:

«…para olfatear lo más sagazmente que pueda qué sienten, qué piensan, qué esperan, qué quieren, y hacia dónde parecen poder ser conducidos con mayor facilidad mediante el discurso.»

El verbo que usa es odorari: olfatear, como un sabueso. La forma que aparece en el pasaje, odorer, es la primera persona del subjuntivo presente: «para que yo olfatee». Cicerón no entra a presentar su discurso preparado. Entra a leer qué trae la sala adentro: qué sienten y qué piensan, ambas. Cognitiva y emocional, en una sola palabra.

El truco está en que ese olfato no ocurre solo en el podio. Ocurre mientras estás diseñando los slides, días o semanas antes. El podio es solo donde se confirma si leíste bien.

GIS sin Aire: cuando el SELECT genérico basta

En 2008, casi antes del lanzamiento de SQL 2008, empecé a presentar una sesión sobre datos geométricos y geográficos en SQL Server. La di durante siete años en cinco países. Primero como SQL 2008 — Datos Geométricos y Espaciales; después, cuando la maduré, Inteligencia GeoEspacial.

Lo curioso es que esa charla tuvo dos vidas distintas según la ciudad. Y solo ahora, mirando atrás, puedo ver por qué.

La segunda vida la di en SQL Saturdays: Panamá 2014, Guatemala 2015, El Salvador 2015. No conocía tan bien esas ciudades. Entraba el viernes y salía el domingo. El deck que llevé era cognitivamente correcto: el caso de uso era canibalización entre sucursales (un problema real de marketing geoespacial, donde una sucursal nueva le come ventas a la sucursal vecina si están demasiado cerca). Para que el ejemplo no quedara abstracto, usé sucursales de McDonalds dentro de cada capital.

McDonalds funcionaba. La audiencia técnica del SQL Saturday entendía qué era una cadena con múltiples puntos de venta. El concepto de canibalización aterrizaba. La consulta de «¿qué McDonalds está a menos de 500 metros de este otro?» se procesaba sin fricción cognitiva. El slide cumplía: transmitía el contenido.

Pero McDonalds no le pertenece a nadie. Es global, anónimo, intercambiable. La sala entendía pero no se reconocía. Las sesiones salieron OK. Satisfechos. Pocos se acercaron después. Los que se acercaron preguntaron por la sintaxis de las funciones espaciales. No por su propio problema.

Ese es el techo de la empatía cognitiva cuando el slide carga solo eso. La sala recibe lo que tenés para dar. No es fracaso. Es techo.

Hasta acá la cognitiva. Pero la misma charla (los mismos slides, el mismo SELECT) en otras dos salas tomó otro rumbo.

GIS con Aire: cuando el SELECT habla de la sala

Madrid y México. Mismo deck, misma demo, mismo verbo SELECT. El resultado fue otro.

Madrid y México las conocía. Había vivido tiempo suficiente en cada una para saber dónde la gente camina los fines de semana, qué plaza se evoca cuando alguien dice «el centro», qué estación de Metro toman los oficinistas que vuelven a casa. Y esa fue la primera vida de la charla: V1, título SQL 2008, entre 2008 y 2013, en México, Madrid, Costa Rica y Colombia.

En el deck para México, las sucursales del caso eran Plaza Garibaldi, Plaza de la República y Plaza Constitución. Plaza Garibaldi tiene mariachis al caer la tarde. Plaza Constitución es el Zócalo. No son direcciones cualquiera. Son lugares con peso cultural propio, los que cualquier capitalino camina mentalmente cuando se las nombrás.

En el deck para Madrid usé estaciones del Metro: Banco de España, Bilbao, Argüelles. Cualquier madrileño que haya tomado la línea 2 las reconoce de memoria. La consulta mostraba «sucursales a menos de 500 metros de Banco de España» y la sala asentía con la cabeza antes de procesar el algoritmo. El reconocimiento visual era anterior al procesamiento técnico. El slide los recibía en su propio mapa antes de pedirles que pensaran en geometría.

Esa es la diferencia entre el slide que carga empatía cognitiva y el slide que también carga la emocional. McDonalds y Plaza Garibaldi eran sintácticamente intercambiables. La consulta devolvía un resultado equivalente. Pero el slide con Plaza Garibaldi hacía algo que el slide con McDonalds no hacía: lograba que la sala se viera a sí misma antes de que yo abriera la boca.

Lo notaba en los ojos de la sala durante la charla. Y dos años después, en el mismo evento, alguien se me acercó y me dijo que le había gustado mi sesión de GIS. No era algo que esperaba escuchar.

No me recordó a mí. Recordó SU mapa. Esa es la memorabilidad que vale: no la del speaker, sino la de la sala que se quedó pensando en lo suyo.

Y la honestidad mayor de este post: lo aprendí escribiéndolo. En el momento, mi V2 con McDonalds me parecía la versión más limpia: el análisis de canibalismo que McDonalds hace en la vida real, datos espaciales con peso económico real. Solo ahora, mirando el contraste, veo que perdí lo que V1 sí tenía. El error no fue de ignorancia: ya había demostrado en V1 que personalizar funcionaba. Fue de preferencia: me enamoré de la matemática y dejé caer el referente local.

Hay variables que no controlé y que merecen reconocimiento: di GIS siete años, Londres una vez. Conocía mis comunidades regionales mejor que la financiera de la City. Pero dentro de esos siete años, el contraste interno entre McDonalds y Plaza Garibaldi es honesto: el contenido técnico era idéntico; lo único que cambiaba era cuánta empatía emocional cargaba el slide. Y hay variables que ni siquiera el diseño previo cubre: el speaker anterior, lo que pasó en la industria esa semana, qué desayunó la sala. La empatía aumenta la probabilidad. No garantiza.

La empatía emocional no se construye en abstracto. Se construye una ciudad a la vez.

Cómo se diseña un slide con empatía

Talento ayuda. Pero el trabajo de diseño previo se aprende. Esa parte sí la controlás. La hace el speaker en su laptop una semana antes del evento, no en el podio frente al público.

Método de la empatía cognitiva: 3 movimientos previos al evento

  1. Mirá la lista de asistentes o el perfil del evento. ¿Qué rol tienen? ¿Qué tecnología usan a diario? Esto delimita qué nivel de profundidad técnica podés asumir y qué jerga vas a evitar.
  2. Preguntale al organizador: «¿Cuál es el problema más frecuente que escuchan de esta audiencia sobre el tema que voy a cubrir?» La respuesta te da el argumento que ya están teniendo en la cabeza.
  3. Revisá las preguntas de ediciones anteriores del evento. Los patrones de pregunta son el mapa no declarado de lo que la audiencia necesita.

Eso es empatía cognitiva traduciéndose a decisiones de diseño: qué problema vas a plantear en el primer slide, qué nivel de profundidad técnica vas a asumir, qué jerga vas a evitar.

Heurística de la empatía emocional: 5 referentes locales

La empatía emocional pide otra capa de trabajo: ¿qué referentes tienen peso cultural propio para esta sala específica? No es lo mismo diseñar un slide para una sala de Madrid que para una de Panamá. La diferencia está en los lugares, los nombres, los ejemplos que la sala camina mentalmente sin esfuerzo. Listá cinco referentes con peso propio para esa audiencia y construí UN ejemplo central alrededor de uno de ellos. No todo el deck. Uno. Eso es lo que diferencia un slide con McDonalds de un slide con Plaza Garibaldi.

La técnica de slides escondidos

La uso desde hace años y la he aplicado cientos de veces. La técnica es simple: además del deck principal, llevás 5 a 10 slides que no están en la secuencia visible. Están al final del archivo fuera del orden de la presentación, o escondidos (hidden), listos para activarse solo si la sala los pide o si vos leés que los necesita. Suelen ser más detalle del problema, profundidad técnica adicional, o un ejemplo alternativo si el primario no aterriza.

En 2019, en una charla sobre retos de ciencia de datos en INCAE Costa Rica, tenía un slide visible con la lista de opciones modernas de arquitectura de BI. No sabía si los estudiantes manejaban los conceptos. Para cada opción de la lista, un slide escondido al final. Preguntaron por DW Federados y por Hub and Spoke. Cada uno tenía su slide. La charla siguió donde estaba la sala, no donde yo había asumido.

Esos slides escondidos son empatía cognitiva hecha archivo: vos no sabés exactamente qué profundidad va a pedir esta sala específica, entonces preparás elasticidad. No improvisás en vivo. Seleccionás de lo que ya tenés listo.

En vivo, los primeros dos minutos son diagnóstico

Mientras planteás el problema, leés cuatro reacciones: quiénes asienten porque lo viven todos los días, quiénes se ríen porque lo sufrieron en carne propia, quiénes miran en blanco porque nunca lo encontraron, quiénes parecen no saber de qué estás hablando. Esa lectura te dice qué slides escondidos activar o no, qué énfasis ajustar. Es la extensión en vivo del olfato de Cicerón: él olfateaba antes, vos olfateás también durante, pero seleccionando del diseño previo, no improvisando.

Si llegaste con deck heredado del proveedor o de la edición anterior del evento, el ejercicio cambia de signo: identificar los 3 slides que sí podés encender genuinamente, y desarmar el resto. Esa decisión la tomás vos, no la trae el deck.

La empatía se cultiva, no se encuentra

En Londres no había oxígeno para Game of BI. Y lo sabía antes de subir. En Panamá, Guatemala y Salvador hubo oxígeno con McDonalds, pero faltó el soplo dirigido. En Madrid y México el slide soplaba a la brasa correcta porque yo conocía esas ciudades: había caminado las plazas, había tomado el metro.

Eso que pasó en Plaza Garibaldi, en Banco de España, en Argüelles, tiene un nombre en la tradición japonesa: Ikigai.

(Olvidate de los cuatro círculos de LinkedIn)

Ken Mogi, en The Little Book of Ikigai (2017), rescata la tradición real: el ikigai no se encuentra, se cultiva. Prospera en la comunidad, no exige monetización, crece a través de actos pequeños y consistentes, sin requerir maestría.

Mogi propone cinco pilares en The Little Book of Ikigai. Tres aterrizan directo en empatía hacia la sala:

Kodawari: empezar pequeño, con orgullo en el detalle. Lo que hizo a Madrid distinto no fue rediseñar el deck. Fue un solo SELECT que devolvía «Banco de España» en lugar de un referente genérico. Ese ajuste mínimo (el que parece insignificante en una lista de mejoras) es lo que la sala recibió en el cuerpo antes de procesar el algoritmo. Kodawari es el orgullo en ese pequeño cambio.

Liberarse del yo. El primer slide no es la lista de tus certificaciones, los logos de tus clientes ni los premios de tu carrera. Ese slide solo sirve al ego del que está en el podio. Y se lo come la sala antes de que vos abras la boca. El slide se libera del yo cuando arranca con el problema de la sala, no con tu historia profesional. La tarjeta de presentación, si la querés, va al final.

Armonía con la comunidad. La empatía emocional no es una técnica que aprendés en abstracto. Es un acto consciente al servicio de la sala específica que tenés enfrente. Madrid y México fueron salas cultivadas: vividas, conocidas, caminadas. Los SQL Saturdays fueron paso rápido y el slide solo pudo cargar lo cognitivo. El ikigai no se descubre en un acto de genio. Se cultiva en cada sala que vivís.

Fuego te dio temperatura propia. Aire te da con qué prenderla en otros. Plaza Garibaldi enganchó a la sala en el primer minuto. Pero una charla dura 45. Cómo sostener esa misma temperatura ola tras ola. Eso es Agua.

Tu próxima charla: antes de abrir el editor de presentaciones, listá los cinco referentes con peso cultural propio para esa sala: los que la sala camina mentalmente sin esfuerzo. Diseñá UN slide central alrededor de uno de ellos. Y dejá 3 slides escondidos al final del archivo, fuera de la secuencia visible, para responder a lo que la sala te pida en vivo. El slide no te lleva al podio. El slide te encuentra ahí cuando llegaste.

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